Kathy Winkler y su experiencia en Kona 2016

 octubre 14, 2016
Posted by Juan Carlos Valencia

Nuestra Coach de WWS Kathy Winkler obtuvo el tercer lugar en su categoría de edad en la versión 2016 del IM Kona 2016, con un tiempo de 11h:08m:45s.

Con sus propias palabras, nos cuenta su experiencia durante la competencia:

No puedo creer que esta temporada de carreras que comenzó en Enero y terminó ayer en IM Kona haya llegado a su fin. Estoy bien, pero exhausta durante algunos días .

Volvamos al día Sábado. Fuí a Kona emocionada de tener la oportunidad de competir nuevamente, pero también un poco preocupada porque sé que esto conlleva un agotamiento psicológico, entre otras muchas cosas. Tuve un desafío aún mayor hace cinco semanas con una fractura en mi pie por lo cual no pude correr en tierra ni tampoco pude prepararme correctamente para la maratón. Creo que correr en el agua funciona, pero siempre es bueno dar algunas vueltas en tierra firme para asegurarme que estoy lista.

Día de la carrera: este fue mi primer Iron Man con los tiempos de partida diferentes para la categoría profesional de hombres y mujeres. No estaba segura qué esperar. Ahora lo sé: las mujeres no actúan como mujeres! Nunca había visto tantas competidoras empujándose y tratando de ganar posiciones incluso antes de empezar. Yo estaba flotando en un lugar libre en la línea de partida, y una chica a mi lado me mira y dice: “Hiciste Ultraman? Te reconozco, yo estaba en el equipo de otro atleta, encantada de conocerte”. ¿Cómo demonios hizo ella para reconocerme con una gorra y gafas en medio de 500 personas flotando en las aguas del Pacífico?

Una vez que dieron la partida comencé bastante suave, tratando de disfrutarlo, intentando no quemar todas mis energías durante la natación. El comienzo fue rudo, patearon mis gafas tres veces y tuve que parar en la vuelta para ponerme la gorra. Luego, tuvimos que pasar a través de los hombres del grupo de edad más lentos también. No me gustó el nuevo comienzo para la natación. Salí y vi otras dos chicas que entrenan en el Bay Area: Kelly O’Mara y Hailey Manning corriendo en la transición conmigo. ¡Que suerte! Me subí en mi bicicleta rumbo hacia la ruta y dentro de las primeras cuatro millas se me atascó en la bici una pedazo de diez pulgadas de cinta aislante. No es algo tan peligroso pero fue difícil quitármela. Pensaba en cómo iba a soportar 112 millas con la cinta que era como tener cartas en mis ruedas con el ruido del aleteo. Traté de quitarla mientras conducía y me pareció una mala idea por lo cual me detuve fuera de la ciudad y de un tirón la pude sacar. ¿Buenas noticias? el técnico de bicis estaba allí, yo no necesitaba mucha ayuda, pero sabía que podía confiar en ellos!

El viaje fue con mucho viento, sin mayores sorpresas y tuvimos suerte. El viento apareció temprano pero no estaba tan peligroso. Me di cuenta en la milla 80 que no habían recorridos en subida y eso fue todo. La gente empezó a pasar y yo sólo podía agitar mis brazos y pedirles que me guardaran un refresco cuando estuvieran listos. No alcancé nada. Sólo recordaba mi promesa de disfrutar la carrera como si nunca volviera a suceder. Debía cruzar varios obstáculos durante el día y debía superarlos de la mejor forma posible.

Mi botella salió expulsada de la bicicleta mientras bajaba la colina. Lo bueno es que justo recibí mi pack de comida en los puestos de hidratación. Los voluntarios estuvieron increíbles. Cuando recibí la comida me salí un poco de mi pista, pero afortunadamente nadie estaba al lado mío. Justo después del sector de Waikaloa pasé a una “dama” y me dijo que me moviera. “¿Perdón?” Nuevamente me dijo que me moviera. Le dije que estaba tratando de moverme pero como yo la había pasado, ella debía permanecer atrás. Señaló y pasó frente a mí. “Te buscaré en la tienda de penalización”, pensé. Otra “señorita” me pasó dejándome en la fila trasera e intentó volver a pasar desde el centro. También la vi hacer lo mismo con otros competidores. Afortunadamente, uno de los jueces la estaba siguiendo y posiblemente la iban a penalizar.

Felizmente, el puerto apareció a la vista. Me sentía un poco deshidratada y feliz de estar de nuevo cerca de la ciudad. Eso significa que sólo quedaba una vuelta para terminar el recorrido en bicicleta. Vi a mi esposo Peter justo antes de entrar en la transición y le dije que estaba OK y en armonía con la carrera. Dijo: “No sé lo que estás hablando, pero te ves muy bien!” Obviamente, él es mi esposo y a veces me miente.

Hice un cambio rápido y  tomé un poco de agua mientras trotaba. Me encantó todo el apoyo del Team Chávez, Laura Sophiea y la multitud en el costado. Vi algunas pancartas de papel con mi foto en ella que decían “Go Kathy Winkler” que habían puesto a lo largo de la calle. Yo estaba corriendo en una especie de coma de supervivencia para fijarme bien, pero mis amigos después preguntaron quien hizo esas pancartas. Me hizo sentir muy querida durante una etapa difícil. Había logrado mi objetivo de correr por la ciudad y llegué hasta Queen K. Peter me vio y me preguntó cómo me sentía. No estaba muy habladora, lo cual no es bueno. Pensé: “Voy a dar lo mejor de mí”. Una chica que competía en mi grupo de edad me pasó. Le dije que se veía bien, pero entonces ella pasó a una estación de primeros auxilios y la alcancé nuevamente. Pasé otra en mi grupo de edad que se detuvo por calambres. A esas alturas no iba a gran velocidad, pero estaba perseverante y todavía en movimiento. Me las arreglé para mantener el ritmo hasta el Laboratorio de Energía, una zona en Kona rodeada de paneles solares. Sólo quedaban 9 millas! La cuenta atrás había comenzado! Solamente debía mantener la hidratación pero más adelante habían malas noticias: los puestos de hidratación se quedaron sin agua. ¿¡Qué!? Dijeron que la iban a reponer, pero no iba a esperar. Por suerte me quedaba algo de energía y estaba bien.

Las últimas 3 millas fueron una maravilla pero un poco extrañas. Estaba tan feliz de volver a la ciudad. Estaba cansada y eso me permitió ver el atardecer de forma diferente. Vi a una niña delante de mí que parecía arrollada por un tren. Sus rodillas se doblaban y sabía que podría detenerse en cualquier momento para estirar. Pasé y pensaba que al parecer yo no iba tan mal como ella: estaba de pie y aún corriendo… cuando de repente ella comenzó a correr otra vez hasta alcanzarme. Imposible, pero sucedió! otras jóvenes me pasaron llegando a la ciudad. Nuevamente, no había forma de darle más energía a estas piernas pero podía llegar a la línea de meta en una pieza y  sonriendo agradecida de estar allí, agradecida de la oportunidad, agradecida por todo el apoyo. Premio de bonificación? lo suficientemente bueno para alcanzar el podio y volver a casa con otro tercer lugar. Valió la pena!

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